martes, 22 de abril de 2014

Cuando te topas con la realidad.

Empecé volando, todo era precioso, los pájaros iban a mi lado y el viento a mi favor. Podía robarle el aire al cielo sin dar nada a cambio, podía. Podía volar, pero esas ráfagas de viento, afiladas y cortantes, me arrancaron las alas. 
Tenia ese sueño de flotar, volar a donde quisiese, rebotar en las nubes y en lugar de tomar el sol, tomar las estrellas. 

Pensé que ese sueño se había vuelto real, pero no, solo aparentaba serlo. 
Entonces me salieron otras alas, pero estas eran de papel, frágiles. Con tantas ráfagas no podía controlarlas, iba totalmente desviado, fuera de control, pero podía volar, era mi sueño. 
Seguí ajeno a lo que me rodeaba, despistado, no me di cuenta de que en el cielo de mi vida comenzó a llover y mis dos alas empezaron a mojarse, a pesar como el plomo y a desgarrarse como mi corazón atravesado por el clavo de la decepción.
Empecé a caer en picado sintiendo cómo en mi interior se tambaleaba la botella en la que guardo mis sueños e ilusiones,que acabó derramándose por todo mi ser. 
Un segundo antes de que el negro cubriera mi visión al caer, contemplé cada detalle de aquel suelo, lleno de alas rotas, sueños despedazados y almas encerradas. Terminé de caer, fue el golpe más doloroso que he sentido jamás, entonces me di cuenta, me di cuenta de que si nadie te golpea para que despiertes, lo hará la realidad.

sábado, 19 de abril de 2014

Voces internas.

Tengo voces internas, 
que hablan gritando,
que hablan callando, 
que gritan sin decir nada, 
que callan y lo dicen todo.


Tengo voces en la cabeza, 
que se contradicen entre ellas, 
que callan cuando sube la marea,
que se elevan cuando no hay más que silencio.


Tengo voces internas, 
que dicen quererte,
que tienen tristezas
y besos que darte.


Tengo voces en la cabeza, 
voces que no me dejan,
que dicen odiar, 
que dicen amar,
que expulsan alivios,
y quejas.


Tengo voces internas, 
y nunca las cojo. 
Las voces las oigo, 
lo que ellas dicen...
¿Eso?
Eso ya lo dicen mis ojos.

miércoles, 9 de abril de 2014

¿De verdad quieres?

¿Que quieres? ¿Alguien que te lleve al cielo? ¿Por qué tienes tantas ganas? ¿De verdad quieres que alguien te lleve al cielo? Todo será felicidad, armonía. Podrás alcanzar esas nubes de espuma blanca que siempre quisiste tocar con las yemas de los dedos. Podrás observar las estrellas desde más cerca, puntos luminosos en ese manto negro que nos cubre. Podrás sentir como el aire fresco entra por tu nariz y se expande por tu cuerpo provocando una agradable sensación. Sentirás el viento azotando tu ropa, haciendo que ésta ondee. Podrás ver el mundo desde lo más alto, ver a las demás personas como seres insignificantes, siendo tu alguien superior. Sentirás ese éxtasis, esa felicidad que romperá todas tus amarguras como rompen las olas arremetiendo contra las rocas. Pero ¿De verdad crees que esas nubes te sostendrán cuando no haya nadie? ¿De verdad crees que ese fuerte viento no te derribará cuando nadie te sujete? ¿Crees que no caerás? Te equivocas. Pero te daré un consejo, mejor dejar tu huella en la tierra que dejar tu aroma en el cielo, porque si pisas fuerte tu huella permanecerá, pero tu aroma será diluida por cualquier ráfaga de viento.

jueves, 3 de abril de 2014

«Heridas»

Te haces una herida, ves cómo con el tiempo se cubre de esa dura y oscura costra. Quitas la costra con las uñas. Al final con el tiempo la herida se cierra, pero hay una cicatriz, y sabes que ahí hubo una herida. 

Vienen, te marcan, te hacen muchísimo daño. Intentas olvidar, pero no paras de pensar en lo que pasó. Al final consigues superarlo, pero queda el recuerdo, y te acuerdas perfectamente de todo lo que pasó, aunque ya no te duela, pero te marcó. 

Y así comprobamos que usamos la palabra "herida" cuando hablamos de que nos hicieron daño porque el proceso por el que pasa tanto la herida como el dolor, es muy similar. 

Esclavo del recuerdo.

Llegaste, 
Fluida como un río 
Penetraste, 
En lo más hondo del mío. 

Penetraste en mi cabeza, 
En mis pensamientos, 
Tu río pasó mi presa, 
Tus pisadas mis cimientos. 

Me llegaste tan adentro 
Con dulce agua tan fluida, 
Te deslizaste por mi piel 
Y ya pensaba que eras mía. 

Pero luego... 
Empecé a pensar, 
Y cuando quise darme cuenta, 
Tu cauce ya estaba en el mar. 

Y no pude despedirme, 
Pero con calma, 
desembocaste en el agua salada, 
Como desembocó en mi tu alma, 
Cuando me besabas. 

Y ahora que no estás, 
Me considero un lerdo, 
Porque tú estas en el mar, 
Pero yo esclavo del recuerdo. 





martes, 1 de abril de 2014

Hundirme en mi otoño.

Esta vida es un sube y baja, un tira y afloja. Muchos dicen que es un invierno constante, pero yo creo que mi vida más bien es un constante otoño porque por muy alto que sea el árbol, las hojas acaban cayendo, por su propio peso, el peso de los problemas. Esos problemas que todos llevamos como hojas invisibles en nuestro árbol interno, un árbol otoñal pero precioso; la vida. Las flores y la hierba dirán que no siempre es así, pero por desgracia todos somos de hoja caduca. Y aquí sigo, escribiendo en este otoño, sobre mis hojas y bajo las hojas de los falsos. También quiero hablar de esos falsos, esas falsas apariencias que parecen estables pero no lo son, esos árboles diferentes. Algunos tienen hermosas flores, otros simplemente hojas secas, pero el mayor problema es que algunos árboles tienen falsas hojas, unas hojas que nunca caen, firmes. Y en realidad eso me pasa a mi, me cubro con hojas falsas, para que nadie vea como las otras se desploman, saco esa falsa sonrisa para que nadie se preocupe, no quiero que nadie lo haga. 
Lo único que hago es hundirme en mi otoño, entre una montaña de hojas secas y mojadas, cada vez mas alta.