martes, 22 de abril de 2014

Cuando te topas con la realidad.

Empecé volando, todo era precioso, los pájaros iban a mi lado y el viento a mi favor. Podía robarle el aire al cielo sin dar nada a cambio, podía. Podía volar, pero esas ráfagas de viento, afiladas y cortantes, me arrancaron las alas. 
Tenia ese sueño de flotar, volar a donde quisiese, rebotar en las nubes y en lugar de tomar el sol, tomar las estrellas. 

Pensé que ese sueño se había vuelto real, pero no, solo aparentaba serlo. 
Entonces me salieron otras alas, pero estas eran de papel, frágiles. Con tantas ráfagas no podía controlarlas, iba totalmente desviado, fuera de control, pero podía volar, era mi sueño. 
Seguí ajeno a lo que me rodeaba, despistado, no me di cuenta de que en el cielo de mi vida comenzó a llover y mis dos alas empezaron a mojarse, a pesar como el plomo y a desgarrarse como mi corazón atravesado por el clavo de la decepción.
Empecé a caer en picado sintiendo cómo en mi interior se tambaleaba la botella en la que guardo mis sueños e ilusiones,que acabó derramándose por todo mi ser. 
Un segundo antes de que el negro cubriera mi visión al caer, contemplé cada detalle de aquel suelo, lleno de alas rotas, sueños despedazados y almas encerradas. Terminé de caer, fue el golpe más doloroso que he sentido jamás, entonces me di cuenta, me di cuenta de que si nadie te golpea para que despiertes, lo hará la realidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario