domingo, 28 de septiembre de 2014

Abárcame, universo.

Y ahí estaba él, sin saber qué era, sin saber saber por qué no puede aprender a conocer. Él era un infinito vacío, una nada difusa y transparente, era lo desconocido. Era más ligero que el aire y más pesado que el plomo, él era la nada, y la nada era todo, la nada tenía todos los aspectos del todo menos el físico. Un día, cuando ni los días existían, algo vibró dentro de él, claro que, dentro es fuera, fuera es dentro, todo es nada y nada es todo, pero él... Él sintió que tenía interior. Se sintió físico, como si algo le llenara colmando con la gota, un mar le inundaba, y un mar de dudas le asaltaba. Todo comenzó a girar aunque la orientación no tuviera conocimiento de su existencia, y entonces lo vio, vio como ella abarcó todo por dentro y le llenó de destellos, de calor, de vida.

Y desde entonces, él la rodea a ella con sus brazos vacíos e incansables, y la chica cosmos sonríe cada día un poco más.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Un niño en el parque de tu cuerpo.

¿Qué le voy a hacer si mi niño interior quiere hacerse un columpio con tu pelo? Solo quiere jugar, columpiándose, enredando los dedos. Quiere saltar desde tu mirada y correr cuesta abajo hasta tropezar con un beso de los que te dejé en la mejilla, cayendo desde muy alto para reír en el tobogán de tu trapecio, bajándolo y queriendo subir sin usar las escaleras, viendo como sus pies se deslizan y resbalan torpemente hacia abajo, y viendo como si ser se aferra al tronco del árbol que sostiene tu belleza en sus ramas... Consigue treparlo a la fuerza. 
Con sus pies en tu barbilla y sus manos fuertemente sujetas a tu labio inferior, él decide soltarse y descender en picado hasta caer en tus pies, pero mi niño interior no se rinde tan fácilmente, quiere seguir jugando. 
Decide empezar a escalarte, subir por tus piernas ofreciéndote caricias cada vez que clava sus garras de tela. Le encanta juguetear, despistarte, no quiere que sepas cuál de los infinitos caminos de tus piernas recorrerá, probablemente la mayor encrucijada que exista. 
Total, que mi niño interior, todo un aventurero, sigue la ruta de los mordiscos, que lleva hasta el comienzo de tu espalda, donde subirá apoyando sus pequeños pies de escalofrío en escalofrío y escurriéndose entre tus vértebras. Cada vez ve mas cerca el fulgor de la felicidad que todos buscan pero que solo él encuentra. Cada segundo que pasa hace que esté más cerca de tu nuca, y cuando al fin consigue alcanzarla, se impulsa con un beso para saltar de nuevo a tu cabello, vacilando; solo quiere volver a columpiarse.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Confusión.

Estoy sumergido, cubierto y abrazado por la confusión, estoy confuso como una vela que no sabe por qué ilumina, como una vela que no comprende el por qué del empujón del viento, estoy confuso. Veo manchas cuando miro al frente, veo bocas que me intentan decir algo, pero no las oigo, simplemente se mueven como en los dibujos animados, con ese movimiento incomprensible en el que no se puede analizar vocalización alguna. No se si quiero desviar la canoa hacia esa corriente, no se si esa corriente es tan corriente que asusta o da tanta adrenalina y pasión como tus besos, esos que llenan lo que vacío cuando desemboco en ti, pero eso ya es otra historia. Me alivia el dolor que me causa que me llenes, para vaciar mis ojos cuando no me ves, para empapar la poesía y verla borrosa pero saber que sigue siendo preciosa... Y no se porque le cuento esto a mis folios, solo estoy vaciándome aunque tenga que vivir con la ironía de vaciar algo que ya está vacío, pero en la nada tiene que haber algo. Hay algo peor que mirar unos ojos que no te miran, y ese algo es no poder mirarlos porque no los tienes, porque llega el momento en el que no tiene importancia si te devuelve esa estacada de pupilas, solo quieres verlas despistadas, rebotando en los párpados y en el rabillo. Aunque ni yo lo crea, lo que quiero decir con esto es que estoy confuso, pero sé una cosa, se que hay sensaciones que pueden empapar todos los folios que escribas, más veces que palabras hayas usado, pero aún así guardarás las hojas desechas en el cofre de la esperanza de volver a ver las sensaciones con los cinco sentidos gritando al unísono. 
Escribo apretando el puño, tambaleándome de confusión, usando la rabia de mi expresión facial como pluma y como tintero mis mejillas.