lunes, 8 de septiembre de 2014

Confusión.

Estoy sumergido, cubierto y abrazado por la confusión, estoy confuso como una vela que no sabe por qué ilumina, como una vela que no comprende el por qué del empujón del viento, estoy confuso. Veo manchas cuando miro al frente, veo bocas que me intentan decir algo, pero no las oigo, simplemente se mueven como en los dibujos animados, con ese movimiento incomprensible en el que no se puede analizar vocalización alguna. No se si quiero desviar la canoa hacia esa corriente, no se si esa corriente es tan corriente que asusta o da tanta adrenalina y pasión como tus besos, esos que llenan lo que vacío cuando desemboco en ti, pero eso ya es otra historia. Me alivia el dolor que me causa que me llenes, para vaciar mis ojos cuando no me ves, para empapar la poesía y verla borrosa pero saber que sigue siendo preciosa... Y no se porque le cuento esto a mis folios, solo estoy vaciándome aunque tenga que vivir con la ironía de vaciar algo que ya está vacío, pero en la nada tiene que haber algo. Hay algo peor que mirar unos ojos que no te miran, y ese algo es no poder mirarlos porque no los tienes, porque llega el momento en el que no tiene importancia si te devuelve esa estacada de pupilas, solo quieres verlas despistadas, rebotando en los párpados y en el rabillo. Aunque ni yo lo crea, lo que quiero decir con esto es que estoy confuso, pero sé una cosa, se que hay sensaciones que pueden empapar todos los folios que escribas, más veces que palabras hayas usado, pero aún así guardarás las hojas desechas en el cofre de la esperanza de volver a ver las sensaciones con los cinco sentidos gritando al unísono. 
Escribo apretando el puño, tambaleándome de confusión, usando la rabia de mi expresión facial como pluma y como tintero mis mejillas. 

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